La revolución de los jazmines

18.03.2011 00:00

 

El origen de las revueltas generalizadas en el mundo islámico fue la conocida como “Revolución de los Jazmines” y hasta hace tan solo unos días se dudaba que pudiera causar un efecto dominó, sin embargo la realidad ya se ha comprobado ha sido precisamente esa. A Túnez ha seguido Egipto, con la caída de Mubarak y en estos días se producen manifestaciones en Sudán, Yemen, Barhein, Irán e incluso se teme por la estabilidad de los regímenes jordano y argelino.

Zine El Abidine Ben Alí, máximo dirigente tunecino hasta su derrocamiento, dio razones más que fundadas para la revuelta popular al tratarse de una férrea dictadura de corte islamista carente de las más elementales libertades.

Lo peor no es que caiga el Régimen, algo saludable incluso, sino qué o quiénes les sustituirán ya que ver a un joven inmolándose ardiendo vivo en protesta contra el Gobierno no auspicia nada bueno como ocurrió hace escasos días.

La Liga Árabe se posiciona del lado de las revueltas justificándolas ya que la propia Organización de las Naciones Unidas denuncian, reiteradamente, las desigualdades sociales en el  mundo islámico en el que prácticamente no existen las clases medias; de un estrato socioeconómico de opulencia y lujo espectacular, digno de las “Mil y Una Noches” se pasa a la miseria más escandalosa. Los turistas que visitaban Túnez o Egipto podían percatarse de ello fácilmente.

Por otro lado INTERNET, una vez más, ha sido uno de los medios de difusión y convocatoria más importantes al escapar al control gubernamental mediante los hackers islamistas que consiguen vulnerar sus controles y censura.  Es el signo de los tiempos actuales en los que puede verse en tiempo real un vídeo-denuncia sobre vejaciones o atentados contra los derechos humanos. El detalle de que la mayoría de los revolucionarios sean jóvenes universitarios, muchos de ellos islamistas, no exculpa el que el Gobierno de Túnez haya llevado a cabo una política interna que para nada se correspondía con la imagen que intentaban dar al exterior, lo que ha podido comprobarse gracias sobre todo a las redes sociales.

El paraíso para turistas reflejado en suntuosos hoteles edificados para occidentales con todo tipo de lujos escondía una realidad social aborrecible: alta tasa de paro laboral, pobreza, barrios marginales, inflación por las nubes y vulneración de los más elementales derechos de los trabajadores unido a una corrupción generalizada con medidas legales injustas que solo favorecían a las clases pudientes y un régimen despótico.

¿Qué ocurrirá ahora?

Después de 24 años de dictadura de islamofascismo, una mezcla de lo más indigesta entre el nazismo racista e islamismo radical, ahora el Partido Comunista Obrero se erige en voz del pueblo pero con una complicadísima papeleta que resolver.

El turismo era la principal fuente de ingresos, como en Egipto, razón por la que los dos Estados norteafricanos estaban tan militarizados y convertidos en regímenes policiales, precisamente para garantizar la seguridad de los turistas y con ello esa fenomenal riqueza generada por las visitas. Ahora, solo en Túnez, cientos de miles de personas corren un serio riesgo de irse al paro en un País con una tasa de desempleo ya de por sí preocupante situada en un 22% en 2009 y un salario mínimo interprofesional de tan solo 130 € mensuales.

En principio, el apoyo de los sindicatos le imprime un tinte político a la revolución de los jazmines, mejor si se pretende ahuyentar el fantasma del integrismo pero los intentos de suicidio de varios jóvenes indican un respaldo oscuro de ciertos sectores fundamentalistas y sería un gran error volver hacia atrás ahora que se tiene la oportunidad de conseguir la tan ansiada democracia.

Lo que sí ha quedado claro es la ineficacia de los analistas del Fondo Monetario Internacional, los cuales se dejan llevar por los resultados en la balanza de pagos, razón por la que felicitaron al régimen tunecino recientemente al considerar que habían sorteado la crisis económica global con acierto, no parándose a comprobar cómo habían conseguido que su industria, sobre todo la del sector “Servicios” había resultado tan rentable, sencillamente a base de una explotación inhumana de los trabajadores con jornadas laborales exhaustas y sueldos ridículos.

Podemos, en principio, considerar que la revolución de los jazmines tunecina tiene un origen económico pero lo cierto es que todas las revoluciones lo han tenido en realidad.

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Sara M. (Ciencias Políticas)


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