Justificación de las monarquías islámicas

18.03.2011 10:59


Según los musulmanes defensores de su propia fe, Islam carece de reyes o debiera al menos ser así, por eso, el buen musulmán debe aborrecer las monarquías, luchar contra su instauración. Para un musulmán temeroso de Allāh (الله), los reyes ni son ejemplares ni es algo propio de la cultura islámica sino una mala interpretación interesada, evidentemente, de una serie de familias que convertidas en dinastías han gobernado de forma dictatorial en los Países islámicos.

Actualmente la monarquía islámica es la forma de gobierno de Marruecos, Arabia Saudí, Baréin, Brunéi, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait, Malasia, Omán y Qatar. Son pocos los Estados islámicos regidos por reyes, emires o sultanes. Lo que la mayoría de la gente no sabe es que la forma de gobierno más extendida entre los Países musulmanes es la República, claro que para el pueblo lo mismo da un rey absoluto que un presidente autócrata, ambos son dictadores.

No se me malinterprete, no llamo a la lucha, tan solo reflejo en este breve artículo lo que en los regímenes monárquicos islámicos, que no árabes, el pueblo vive: subyugado bajo un poder central de hombres que se creen descendientes del Profeta Muhammad (مُحَمِّد) o Mahoma, en su transcripción castellana. Justifican la instauración de una monarquía en razones históricas al ser el descendiente de Mahoma el primer califa y por lo tanto un rey de reyes pero la verdad es otra; veámoslo.

Abu Bakr, suegro de Mahoma, fue el primer califa ( خليفة) de Islam pero en su tiempo ese concepto, el de califa o jalifa era distinto al de siglos posteriores. Entonces se trataba de elegir a la mejor persona de entre los compañeros de Mahoma, al que mejor entendió su mensaje, realmente la Palabra de Allāh y el que mejor podía transmitirla, por lo tanto, un hombre íntegro. Esa era la idea. El califa, algo así como el sumo pontífice de Islam1, a semejanza del Papa en la Iglesia cristiana-católica, era tanto líder espiritual como temporal, esto es, un rey al estilo antiguo. Después surgirían los sultanes que gobernaban cada territorio, los verdaderos reyes. Cuando Abd al-Rahman III, emir de Córdoba, se autoproclamó califa, en el siglo X, trescientos años después de Mahoma, era muy consciente de lo que hacía ya que se convertía de ese modo en competidor de los que se consideraban únicos califas legítimos de Islam, los de Bagdag, de la dinastía Abasí, quienes masacraron a los Omeyas, antiguos califas de Damasco y descendientes verdaderos de Mahoma al ser un clan de la tribu de Quraysh a la que también pertenecía el Profeta de Islam. Abd al-Rahman III era descendiente de Abd al-Rahman I, de la familia de los Omeyas y superviviente de la masacre perpetrada en Damasco, un golpe de Estado con el que subieron al trono los Abasíes. Pero ese título califal, arrebatado a los Omeyas, siempre fue reclamado por la familia de Abd al-Rahman desde su expulsión de Oriente y su llegada a la Península Ibérica, al-Andalus. Abd al-Rahman III había alcanzado tal poder y su emirato una expansión sin precedentes que solo le quedaba equipararse a los califas de Oriente ya que consideraba que había cumplido, él sí, los preceptos para ser un buen califa y no los soberanos de Bagdag a los que consideraba unos usurpadores. Desde el momento en que Abd al-Rahman III se convirtió en el califa de Córdoba, su reino se convirtió en imperio tanto a los ojos de sus súbditos, de los que se alejó en su nuevo papel de representante de Dios como para las cortes cristianas del norte de la vieja Hispania o los fatimíes y los abasíes, los otros dos califatos de la época. Principalmente, sus enemigos eran los fatimíes, de corriente shií, supuestos descendientes de Fátima, de ahí su nombre. Abd al-Rahman III consideraba unos hipócritas tanto a los fatimíes como a los abasíes ya que no podían demostrar su origen común con Mahoma, algo que él sí podía acreditar.

Califa significa representante, se entiende, representante de Dios en La Tierra. Lo de príncipe de los creyentes o comendador de los creyentes, como les gusta a los reyes musulmanes llamarse, tal y como el de Marruecos, por ejemplo, es tan solo un título ególatra con el que pretenden hacer creer a todos sus súbditos su origen dinástico de representantes de Dios, lo que ni antes ni ahora ha sido creído realmente por nadie.

Según la corriente mayoritaria entre los musulmanes, la sunní, un califa debe obligatoriamente ser árabe y pertenecer a la tribu de Mahoma, nunca su cargo sería hereditario sino que quién le suceda será elegido por un Consejo de Ancianos y por lo tanto de hombres sabios y su función primordial debía ser la expansión de la cultura y religión islámicas, algo que solo cumplieron los cuatro primeros califas u ortodoxos, esto es, los únicos verdaderos o dignos de llamarse califas (representantes).

Resulta llamativo que a pesar de que los fatimíes probablemente no eran en realidad descendientes de la familia del Profeta Mahoma, sí son los únicos que cumplieron más o menos escrupulosamente lo referente al nombramiento y sucesión del califa si bien debiéramos considerar verdaderos musulmanes, respetuosos de las normas de sucesión califal o de representante de Dios y por lo tanto de máximo guía espiritual a los jariyíes, la tercera corriente islámica, algo que también son pocos quienes lo saben: no solo existen los sunníes y los shiíes sino también los jariyíes o como son más conocidos en la actualidad, ibadíes ( الاباضية) localizados principalmente en el sultanato de Omán, donde tres cuartas partes de la población son ibadíes. Esta corriente considera que el califa puede ser cualquier musulmán, incluso un converso o un esclavo, siempre y cuando sea un fiel defensor de la fe islámica, cumplidor de todos sus preceptos.Para un monarca islámico no hay más ley que el Corán, sin embargo en las repúblicas islámicas, un consejo legislador de ulemas y hombres-mujeres sabios/as, éstos últimos expertos en las diferentes ramas políticas o en la actividad para la que hayan sido designados planificando los programas de acción del Gobierno en las distintas facetas y áreas, tanto en política interna como exterior. Los reyes también se rodean de asesores pero su megalomanía les impide tener un criterio justo o una consciencia real de la verdadera situación que les rodea, sentados en sus lujosos tronos.

En una ocasión le preguntaron al rey de Marruecos por las críticas de Occidente hacia Islam, respondiendo: >2

En principio, para los doctores de Islam, el buen gobernante ha de tener un conocimiento exhaustivo de la Sharía (شَرِيعَة) o Ley Islámica y ser hombres justos. A las mujeres les está vedado ser gobernantes, lo de Benazir Butto en Pakistán es un hecho aislado que acabó muy mal3.

Según esa misma Ley Islámica, el gobernante ha de estar en posesión de una moral y ética intachables y por supuesto ser un hombre justo:

Y cuando su Señor probó a Abraham con ciertas órdenes, al cumplirlas, dijo: «Haré de ti guía para los hombres». Dijo: « ¿Y de mi descendencia?» Dijo: “Mi alianza no incluye a los impíos».

Corán, 2:124

Por todo lo anterior, ni por origen familiar, ni por justicia porque eso es precisamente lo que más falta en los regímenes islámicos, ninguna monarquía islámica es legítima, ahora bien, pudiéramos decir lo mismo de casi todas las repúblicas islámicas. En principio, la ola revolucionaria es un clamor popular que grita LIBERTAD pero mi temor es que las masas acaben siendo controladas por un régimen aún peor que los que están derrocando, basado en una mezcla insana de integrismo islamista y ultraizquierda extremista y reaccionaria y que este movimiento llegue a Europa o España donde ya hay más de un millón de musulmanes. En mi mente surge sobre todo la suerte que correrían las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla, en el Magreb, si la ola revolucionaria es dirigida por el rey de Marruecos hacia otro objetivo que no sea su trono por tal de salvarse de la quema, si es así, ¿cuál sería ese objetivo?

Por suerte, los que conocemos la cultura islámica a fondo sabemos que la inmensa mayoría de los musulmanes son personas de bien que solo ansían un mundo en paz donde se les vea como lo que son realmente: constructores de paz y solidaridad

 

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Adolfo Estévez, experto en cultura arabo-islámica
 
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[1] Como en anteriores artículos míos, repito lo del género neutro de Islam; no es ni masculino ni femenino para los musulmanes. Para ellos/as, Islam es todo lo que les rodea, la vida misma y el mundo en el que viven es Islam

[2] La monarquía marroquí se dice descendiente del califato fatimí de la que ya hemos visto que entroncaba su origen dinástico con Fátima, la hija del Profeta, lo cual es muy discutible. En todo caso, la única dinastía que pudiéramos considerar legítima es la jordana o hachemí ya que procede de los Banu Hashim, uno de los clanes de la tribu de Quraish, la de Mahoma, con lo cual sí reunirían uno de los requisitos indispensables para gobernar como reyes pero no los otros: la monarquía no puede ser hereditaria en Islam

[3] La que fuera primera ministra de Pakistán y la primera mujer que ocupaba un cargo de mandataria en el mundo islámico fue asesinada en 2007 sin saberse aún quién o quiénes están detrás del magnicidio, si opositores políticos o la red al-Qaeda


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