La energía nuclear en España

15.04.2011 00:00

 

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Central nuclear (flickr.com/photos/9784464@N03/2677228879)

 

En estos últimos meses hemos sido testigos de manifestaciones a favor y en contra del cierre de la central nuclear Santa María de Garoña. La polémica viene dada en torno a la conveniencia de mantener una central que tiene una antigüedad de casi 40 años cuando España es una de las principales potencias mundiales en energías “limpias” como la eólica o la solar. Pero, ¿cuál es la Historia del uso de la energía nuclear en España? Y, ¿qué beneficios ha reportado hasta el momento?

Las instalaciones nucleares españolas son seis centrales con un total de ocho reactores que producen energía nuclear con una potencia eléctrica de 7.000 mega vatios (Mwe), una fábrica de combustible nuclear y un centro de almacenamiento de residuos radiactivos de baja y media intensidad. Las centrales cubrieron en 2008 el 18,3 % de las necesidades eléctricas del País pero también acumularon 6.700 toneladas de uranio y 176.000 m3 de otros residuos de baja y media intensidad que en España se almacenan en el cementerio radiactivo ubicado en Cabril, provincia de Córdoba y que data de 1961.

España es un País dependiente en materia energética por lo que algunos analistas critican la dejadez del Gobierno español con respecto a la energía nuclear que pudiera permitir, junto con la explotación de las energías renovables, no recurrir tanto al exterior. La energía eólica produce en España tan solo el 8% de la electricidad necesaria y la solar el 3,2 % por lo que los partidarios de la energía nuclear abogan por potenciar este recurso ya que en su día proporcionaba el 30 % de la electricidad que consumía España; en cambio, en Francia, el 76 % de la electricidad procede de la energía nuclear. Además podría repercutir en la salida de la crisis económica en la que la Unión Europea ya ha avisado de que España será, de las economías europeas importantes, la que tenga más problemas para recuperarse. La revitalización del programa nuclear español crearía una industria de bienes de equipo, ingeniería, fabricación de combustible, almacenamiento de residuos y todo ello con nuevos puestos de trabajo. Ni que decir tiene que los beneficios generados irían en gran parte a investigación y desarrollo para aumentar la seguridad de las centrales y su utilidad práctica, de hecho, la Universidad Autónoma de Madrid, en un estudio realizado recientemente sobre economía aplicada, contempla que la energía nuclear podría crear, solo en España, alrededor de 170.000 nuevos puestos de trabajo.

Si España potenciara además sus programas espacial, aeronáutico y tecnológico, teniendo como tiene grandes expertos y científicos de alto nivel, con la ayuda de la energía nuclear como combustible para misiles espaciales y buques, desarrollando al máximo sus posibilidades con respecto a otras energías como la eólica y la solar, se conseguiría salir de la crisis junto al resto de potencias mundiales y además con un futuro prometedor aguardando y respetuoso con el medio ambiente.

Según el Foro Nuclear español, lo ideal es que la tercera parte de la electricidad y otros recursos para mover el País procedan de la energía nuclear, otra tercera parte de las energías renovables y el resto de las fósiles, éstas últimas las más preocupantes por la dependencia de otros Países, algunos con regímenes dictatoriales por lo que se impone potenciar el desarrollo de la nuclear, la solar y la eólica; actualmente, más del 70 % procede de energías fósiles como el petróleo o el gas natural. En la Unión Europea, el 30 % de la energía consumida procede de la nuclear.

En España, las actuales centrales, que suponen menos del 2% de las existentes en el Mundo, se construyeron entre 1971 y 1985 superando todas los estándares de seguridad internacionales. Sería en 1968 cuando se construyó la primera central nuclear española, la de “José Cabrera”.

El problema que alegan los grupos ecologistas con respecto a la energía nuclear es el daño que provocaría una explosión como la de Chernobil pero lo cierto es que se trata de las energías más limpias puesto que no genera dióxido de azufre, carbono o nitrógeno.

En 1947 el Régimen franquista creó una comisión especial en el CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas) que derivaría al año siguiente en la Junta de Investigaciones Atómicas que enviaría a científicos al extranjero, principalmente a Estados Unidos, para que adquirieran los conocimientos necesarios que ayudaran a producir energía nuclear en España creándose en 1951 la Junta de Energía Nuclear.

Doce años después, en 1963, se promulga la Ley sobre Energía Nuclear, construyéndose en los siguientes nueve años tres centrales nucleares, la primera generación a la que pertenece la de Santa María de Garoña que ha motivado la polémica con la que introducía este artículo.  La segunda generación de centrales nucleares protagonizan la fase de explotación de esta energía en la que se encuentra España actualmente, en la que se potenciaron los reactores, promoviéndose en estos últimos años que se comience una tercera fase en la que se recupere el nivel de suministro de la segunda mitad de los 80, llegando a un equilibrio con las otras energías “limpias”.

Desde el año 2000, España no produce uranio ya que la única mina que posee está casi agotada por lo que debe importarlo. ENUSA (Empresa Nacional del Uranio) es de capital público pero las centrales nucleares pertenecen a las cuatro grandes compañías eléctricas españolas.

Con la llegada de la democracia pero especialmente con el Partido Socialista Obrero Español en el poder, la energía nuclear pasa gradualmente a un segundo plano a favor de las energías renovables, o al menos es lo que se pretendía ya que lo único que se ha conseguido es que el País dependa como nunca antes del petróleo y el gas natural, recursos de los que España carece, de ahí que preocupara tanto la posible compra de YPF-REPSOL, la multinacional española del petróleo, por parte de una compañía rusa, operación que finalmente no se ha producido, es más, REPSOL acaba de encontrar una enorme reserva de gas natural en Venezuela, llegando a un acuerdo de explotación con el Gobierno de ese País para su extracción y comercialización, junto a “Petróleos de Venezuela” y la compañía italiana ENI-SPA. Otros Países proveedores de petróleo y gas para España son Argentina y Argelia, este último con un grave problema de terrorismo en su territorio por lo que las compañías industriales gastan grandes cantidades de dinero en seguridad. Por todo lo anterior, se impone potenciar el programa nuclear a la par que el de las energías renovables.

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Adolfo Estévez


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